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Carta a los jóvenes al cumplirse 60 años de la Liberación de Auschwitz

Por Halina Birenbaum, sobreviviente del Holocausto (*)

(*) Halina Birenbaum : es escritora, poetisa y traductora. Nació en Polonia. Cuando terminó la guerra ella tenía quince años. Vive en Israel desde 1946. Su autobiografía titulada “La esperanza es lo último que muere” fue publicada en Polonia, Israel, Alemania y los Estados Unidos y se convirtió rápidamente en un clásico de la literatura referida al Holocausto.

Tantos pensamientos, sentimientos y palabras se amontonan en el corazón y sobre los labios, en este gran día de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz! Hay tanto para entregar al mundo, investigar, aclarar ! Un sinnúmero de recuerdos, pruebas abismales, que ya son para las generaciones modernas un pasado lejano e incomprensible; historia...

El nombre simbólico y terrible de “Auschwitz” está en nuestro mundo actual lleno de problemas y conflictos. Es tan difícil conciliar el hecho de que el tiempo y la falta de conocimiento borren sus pasos, el entendimiento y la posibilidad de llegar a conclusiones necesarias; que surgen de ellos hacia el futuro. Para nuestro gran pesar, se están yendo de este mundo los que fueron puestos a prueba con aquellos tormentos y que con todas sus fuerzas trataron de transmitir testimonios; para introducir en la memoria de la humanidad y prevenir frente a la posibilidad de repetirse esto nuevamente.

Vienen a este mundo y florecen nuevas generaciones, a las cuales estos acontecimientos no se pueden describir, ya que son lejanos para ellos, como si no les tocara de cerca. En especial porque son trágicos, hacen temblar, y de tragedias y tristeza las personas prefieren huir en vez de profundizar en ellas...

Pero esto no lo podemos permitir, está prohibido! Borrar hechos difíciles de la memoria colectiva y particular, es sencillamente peligroso. Sin pasado no hay futuro.

Yo tenía 10 años cuando estalló la Guerra en Septiembre de 1939 y tan sólo 13 años cuando fui llevada a Auschwitz-Birkenau, luego de haber sido sacada de la cámara de gas en Maidanek -pues casualmente esa noche les faltó gas a los alemanes-. Mamá me enseñó en el Ghetto de Varsovia, durante los secuestros, a decir que tengo 17 años porque a los chicos judíos, ancianos y enfermos no los llevaban a los campamentos, los enviaban directamente a las cámaras de gas y a los crematorios. Me salvé por milagro de cuatro campos de la muerte. Toda mi familia, excepto mi hermano, fue exterminada en Maidanek y Auschwitz.

En mi brazo está tatuado un número, documento de identidad de Auschwitz... Hasta hoy, ninguna cifra fue borrada como tampoco ninguna migaja del recuerdo de aquellos años, en los cuales la omnipotente maldad satánica se extendió y gobernó sin excepción.

En todos esos años, desde mi liberación, no alcancé aún a contar lo que he pasado y de lo que fui testigo allí. En todos los años de mi vida llevo conmigo una foto de mis parientes aniquilados: mi madre, mi padre, mi hermano, su esposa y amigos del destino con los que me tocó estar en el ghetto y los campamentos, compartiendo sus sufrimientos inhumanos y la muerte. Ellos están acuñados en mi alma, al igual que este número tatuado en mi brazo.

Recuerdo su amor fraternal, su apego a las chispas de diminuta esperanza de poder sobrevivir, de cuidar el humanismo en condiciones infernales sobre la tierra, de salvar a sus seres queridos, su fe en un mundo mejor, su deseo de vivir; y a la falta de fuerzas, en sus ojos de agonía, el ruego de que los recordemos: estas personas una vez estuvieron entre nosotros y tanto querían vivir, existir en este mundo.

No tuvieron el privilegio de que se cumpla su ruego para la vida: la libertad. Y yo, como una de ellos, a pesar que tuve más suerte y quedé viva- hasta llegué a esta gran fecha de 60 Años de la Liberación de Auschwitz- pido con todo mi corazón que se transmitan sus ruegos para ser recordados y tener un mundo mejor y más justo. No se pueden cambiar las leyes del destino, devolver a la morada la vida de la muerte en Auschwitz y los campamentos de Exterminio. Pero seguramente se podrá recordarlos y tratar que el mal no corroa los valores del humanismo.

Y en especial puede hacerlo la juventud, ya que es nuestro futuro.

Halina


*Halina Birenbaum publicó en polaco y en hebreo varios volúmenes de poesía entre los que se encuentra “Los sonidos de un silencio culpable”; a esta obra pertenece el poema “Ve y visita Treblinka”.

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